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  • Foto del escritorDavid Balaguer

Globos

Esta es la historia de un niño. Un niño cualquiera. Seguramente como muchos. Y de como creció tanto él como su relación con los globos. Espero que disfrutes de este relato y de todo lo que hay en él.

Corrían los primeros sesentas y era aún muy niño. Tenía esa edad en la que su padre era un dios y su madre absolutamente todo.


globos

Con una imaginación e ingenio extraordinarios para jugar, mantenía, a pesar de todo, una extraña relación con los globos como objeto de juego. Le fascinaba la magia de sus lentos movimientos: Parecían no ser de este mundo. Eso le permitía innumerables fantasías como emular a un portero de fútbol. Se lanzaba a por él mientras su hermano se lo lanzaba alto a la altura del sofá. O simular jugadas en cámara lenta como si fuera una estrella de esas que su talento y estilo merecen ver las acciones una y otra vez. Pero…

Siempre hay un pero. En este caso dos. Por un lado aún tenía el temor, al asirlo, de que le explotara. Era aún muy niño. Y eso le producía cierto temor. Por otro lado, siempre caían. Sí, él había visto en el cine a niños que llevaban un globo con un cordel y éste se mantenía siempre en alto. Y el globo se mostraba orgulloso, erguido. Quizá incluso con una cierta chulería. O la chulería es la que tendría él en el caso de poseer algún día alguno de esos. Pero en aquella España de los sesenta, de esos, no había. Tenía que conformarse con estos.


globo suelo

Tardó, pero llegó ese deseado día. ¡¡Qué poco se imaginaba él que esa iba a ser la constante de su vida!! : Ver las cosas tardando. Tratar de trabajarse siempre la virtud de la paciencia. Y nunca suficientemente trabajada: Siempre necesitando mas.

Ahí estaba el acontecimiento vestido de novedad. Y así se hacia pagar, según exclamaron sus padres al comprárselo.

Alrededor del joven que los sujetaba en esa plaza, había varios niños que ya habían realizado su compra. Algunos otros, llorando porque sus padres no accedían al dispendio. Otros, también sin globo, también lloraban… …mientras el globo se alejaba hacia el cielo y en medio de la indignación de los padres que constataban el efímero efecto del gasto.


Nino_Con_globos

Ya no era tan niño. De hecho, hacía tiempo que había dejado de jugar con globos. Es probable que fuera automáticamente después de perderles el miedo a que le explotaran en las manos. Dejó de temer eso y dejó de jugar con ellos. Jugar es excitante. Al juego que le quitas excitación le estás abriendo la puerta del aburrimiento, descubrió.

Pero en esa plaza se abría una nueva era.

Sus padres tuvieron que comprar otro globo para el hermano pequeño. Éste se lo ataron a la muñeca en prevención del escape. Pero a él…. Él enseguida tuvo claro que lo quería llevar en la mano: Sujetarlo él. ¡¡Al fin y al cabo ya era mayor!! Y así fue, no sin la constante presión de las amenazas de su madre de las consecuencias de que se le escapara.

A los diez minutos (que a él le parecieron una eternidad) se dio cuenta de que su mano estaba a punto de gangrena. O al menos estaba empezando a no sentirla. Tal era la fuerza con la que sujetaba el cordel, que apenas reparó en las reivindicaciones de su hermano menor para llevar él también el globo desatado.

Como era de prever, al hermano pequeño se le escapó el globo al primer suspiro. …Con el subsiguiente llanto.


Un_niño_perdió_su_globo

Él, atónito y expectante, contempló la situación. ¡Que maravilla!, pensó. Inútiles fueron sus esfuerzos para consolar a su hermano. A pesar de que le decía: –¡No llores! ¡Calla! Porque si lloras no podrás oír al globo como llora porque se aleja de ti.

Pasaron los años. El niño creció y los globos también. Ya adulto, tuvo la oportunidad de asistir a un certamen de globos aerostáticos. Y volvió la magia.


Globos Aerostaticos

Sólo pudo asistir desde el suelo. Pero su cabeza, desde ese momento, empezó a estar en el cielo.

No paró hasta conseguir, al menos un día, subirse a uno de ellos.


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Y volar.


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Y ver qué es volar en globo. Con su silencio. ¡Como se oyen tus pensamientos en ese silencio!


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Y verse volando. Mágico.


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Muy especial.

Tiempo después, circulaba en tren. Llegaba a Barcelona ensimismado. Había estado todo el viaje dándole vueltas a cosas. Proyectos, futuro, dificultades, alguna satisfacción…. Todas esas cosas que a uno le ponen en estado de vigilia si se acompaña con el sopor de un madrugón.

La llegada en tren a Barcelona nunca sé si se produce entre unos claros que hay entre túneles… o si hay unos túneles entre los claros. El cambio de luz molesta a la entrada de ambos casos: Pensaba.

El tren ralentizaba su marcha al acercarse a la estación. Lo suficiente como para poderse entretener leyendo alguno de los muchos grafitis que ahí abundan. Y de repente, leyó:

Nunca hagas con los sueños lo que un niño hace con su globo… Que por jugar lo pierde……Y por perderlo… …Llora.

Esta lectura le golpeó hasta despertarle del todo:

  1. Los sueños se mueven lentamente, sólo hay que tener paciencia y disfrutar de ellos como si tu talento estuviese a su altura.

  2. No hay que asirse a los sueños porque les impides elevarse, que es como se disfruta de ellos: viéndolos subir, crecer.

  3. Y, por poco que puedas, móntate encima de ellos. Y volarás.

Espero que hayas disfrutado de este relato. La historia de un niño. Un niño cualquiera. Seguramente como muchos. Y de como creció tanto él como su relación con los globos.


viaje en globo

Te abrazo.

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